El 25 de mayo de 1930, Severino Fernández Camón, cumpliendo la voluntad de su esposa, Manuela Navascués Cemboráin, redacta su testamento en Zaragoza y en él ordena la creación de una fundación, de un asilo-escuela que se llamaría “Asilo de San Manuel y San Severino”, dedicado a niños/aspobres, preferentemente huérfanos y naturales de Tafalla. Para ello se utilizó 1.925.000 pesetas, dinero que donó el matrimonio benefactor.
En 1935 se materializó la construcción del citado asilo, proyectado por el prestigioso arquitecto navarro Victor Eusa.
Los primeros protagonistas, 40 niños y niñas y 9 Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Además, durante el invierno, daría comida para cincuenta pobres de la ciudad, preferentemente ancianos.
La alimentación la tenían asegurada con todo lo que proporcionaba la hermosa huerta que extendía hasta el río. Además de las frutas y verduras estaban los animales de la granja. Cerdos, gallinas, patos, conejos, vacas proporcionaban alimentos frescos todo el año.
Hospital de sangre mientras duró la guerra, compartieron casa las niñas y los soldados heridos o enfermos.
En la época de la posguerra fueron tiempos de mucha escasez y dificultades para las familias, que entonces eran muy numerosas. Cáritas estableció en la casa sus oficinas, en ellas tuvieron sus actividades, un comedor de invierno mayoritariamente para niños y algunas personas mayores. Fuera del comedor se atendían a transeúntes, comida caliente, ropa y billete de traslado a otras ciudades, a veces también se les buscaba cama. La dedicación a los transeúntes es la actividad que durante más tiempo se ha desarrollado en la casa.
En tiempos muy precarios se montó un pequeño taller de bordados, se daban clases y se bordaba de encargo, también se tejían chaquetas y calcetines, todo a máquina.
Los tiempos cambian, el asilo para niños y niñas pobres que concibieran Severino Fernández y Manuela Navascués duró hasta la década de los 70.
De nuevo Víctor Eusa fue quien realizó el proyecto de reforma del edificio para acondicionarlo como residencia. En 1974 llegan los primeros doce residentes, gestionandos por las Hijas de la Caridad, estas dejaron su buen hacer en el año 1991.
Ante los nuevos planes urbanísticos del Ayuntamiento, en los años 97 y 98, procedieron a la venta de parte de los terrenos de la huerta y edificios anexos del asilo. Fue una inyección de dinero importante que sirvió para sufragar las obras de remodelación del asilo y convertirlo en el moderno y funcional edificio que conocemos hoy. En esta ocasión fue el tafallés Txuma Ibáñez Aldaz, el arquitecto encargado del proyecto. Del antiguo edificio de Victor Eusa se conservó la fachada original y la torre de la Iglesia, el resto se rehizo de nuevo, de acuerdo a las necesidades que ahora tiene.


